Del uso mágico de los minerales y los monolitos en la Prehistoria.

El uso mágico y religioso de las piedras y cristales es un fenómeno que se ha ido dando a lo largo de la historia, de una forma llamativamente extendida, manifestándose así en la mayoría de culturas,  sistemas religiosos  y prácticas mágicas que han ido existiendo a lo largo del tiempo. Historiadores y antropólogos coinciden en que concretar con exactitud el origen de estas prácticas religiosas o mágicas con minerales y rocas es una tarea sumamente compleja pues las hipótesis que abarcan este objeto de estudio afirman que dichas prácticas datan de la prehistoria, aproximadamente en el paleolítico superior, una etapa realmente extensa y por lo tanto no se dispone la capacidad para establecer con total certeza el origen de estas prácticas. Por consiguiente dichas teorías se basan en un fundamento principalmente compuesto por suposiciones e interpretaciones de los indicios y restos de las sociedades del paleolítico superior. Esta condición hace que el origen del uso mágico y religioso de los minerales sea sumamente difuso y dudoso.

Es importante comprender el aspecto mágico y religioso de las sociedades prehistóricas para comprender correctamente  el origen y el posterior uso de las prácticas rituales con piedras y rocas. En palabras de Lluis Duch:

“Concretar el origen y el momento exacto de ese aspecto o el nacimiento de ese “pensamiento mágico y religioso” es imposible de establecer con total seguridad. Al igual que no podemos señalar el comienzo absoluto de las señales distintivas de la humanidad como el lenguaje, la capacidad simbólica, el culto. Aún así, se ha escrito mucho acerca de este origen”.

Del mismo modo intentar describir con exactitud los “sistemas de creencias” que se dieron el la prehistoria es una tarea bastante compleja, por consiguiente nos limitaremos a desarrollar una breve síntesis que nos ayude a acercarnos a una comprensión más profunda del objeto de análisis de este artículo. El conjunto de creencias y practicar rituales que constituyen el aspecto religioso y mágico prehistórico es prácticamente un conglomerado muy difícil de analizar. Los sistemas de creencias que se han manifestado en  los grupos humanos prehistóricos son de una constitución destacablemente diversa pues se van conformando y desarrollando en base a las experiencias mágicas y religiosas que ha experimentado la tribu o grupo humano. De ese modo, algunos “sistemas” pueden estar formados por creencias totémicas, el culto a los antepasados, el mana…etc. Pero comprende además  un cuerpo de tradiciones teóricas que no puede ser reducido a simples hierofanías elementales: como mitos del origen del mundo, justificaciones de la condición humana, valores, moral…etc (Eliade 1964: 55). Además el antropólogo e historiador Julio Caro Baroja afirma, que religión y magia en el mundo antiguo formaban parte de un único sistema. Señala que a Frazer y a sus continuadores ya les resultó muy difícil “separar lo estrictamente mágico de los religioso, en sistemas tales como el de la religión de los egipcios, caldeos y otros pueblos antiguos”.

La naturaleza ruda y sólida de las rocas, la majestuosidad de los grandes riscos de piedra que parecen eternos e inamovibles a lo largo del tiempo, la firmeza férrea de piedras como el granito hacen que el “mundo de las piedras” cobre un carácter de incorruptibilidad lo cual suponía para las  sociedades primitivas una hierofanía en sí misma, una manifestación del poder sagrado, de lo sobrenatural. Esta naturaleza eterna e incorruptible de las piedras frente a la “precaria” y mutable naturaleza humana hacía que sociedades prehistóricas entendieran que se trataba de “objetivos” sagrados y del “otro mundo”, algo que pertenecía a “otro lugar” (Eliade 1964: 254). Por lo tanto no es de extrañar que estos grupos concedieran un papel sumamente importante a las piedras, minerales, rocas y megalitos dentro de sus respectivos sistemas de creencias y prácticas rituales, como instrumentos rituales y mágicos, como centros energéticos donde encontraban aquello que necesitaban y  como defensa al mundo de los vivos y sobre todo al mundo de sus antepasado, que como hemos señalado anteriormente, es de una grandísima importancia para este tipo de sociedades antiguas.

Aunque son muchas las funciones que desempeñan las piedras y rocas (función mágica,  signo de dignidad, representación de un estatus “político” dentro de un  determinado grupo humano, objeto ritual),  es precisamente la función ritual dentro del mundo de la muerte donde aparecen  las primeras funciones de índole mágico-religioso. Dentro de estos ritos funerarios son muchos los elementos que entran en juego, pero son los megalitos los que cobraron un papel principal. El megalitismo fué un fenómeno   constructivo que surge en plena prehistoria,  alcanzando su máximo esplendor entre el neolítico y el principio del calcolítico. Sabemos que poseía unos fines principalmente de índole funeraria, pero también estaban orientados a la regeneración de la tierra y la fertilidad teniendo  un papel fundamental en las prácticas mágico-religiosas de estas antiguas sociedades. Incluso algunas de las construcciones megalíticas poseían fines rituales y significados enfocados a los astros, a las estrellas…etc.

En cuanto al sistema de construcción sabemos que  eran construidos normalmente con bloques de piedra con una finalidad mágico-religiosa, normalmente centrados en la inhumación colectiva. Muchos de los megalitos funerarios solían estar formados por bloques de pieza maciza, en la mayoría de las ocasiones conformando una forma fálica, la cual poseía un carácter de vigorosidad, poder y fuerza  (Eliade 1964: 256). Para algunas sociedades antiguas estos megalitos funerarios tenían la función de “fijar” el alma, o resguardar de una forma provisional el alma del difunto en una morada segura, cerca de los vivos, además de con ello evitar también la posibilidad de que un alma “hostil” vagara libremente para hacer daño a los vivos. La energía y poder de esa alma servía para estimular el crecimiento de las plantas, por lo cual aparte de poseer un fin funerario, tenía un fin orientado a la fertilidad de la tierra y sus cosechas. La naturaleza del alma del difunto era concebida como eterna, ese “carácter eterno” era simbolizado, como hemos indicado con anterioridad, con la concepción de incorruptibilidad y eternidad de las piedras y rocas. Pero el fin de estas construcciones no es exclusivamente funerario, podrían también estar destinadas a otras prácticas rituales. Desde una interpretación sociológica de las funciones del megalitismo,  se destaca el afán por otorgarle visibilidad a dichas construcciones, las cuales nunca estaban camufladas, se situaban en explanadas visibles desde muchas posiciones geográfica, lo cual implicaba que su localización facilitase el paso a los grupos humanos que se reunían en esas antiguas construcciones. Dichas reuniones fomentaban notablemente la cohesión social entre diversos grupos, el desarrollo y la expansión cultural mediante el intercambio de conocimientos…etc.

Aparte de la función funeraria, es destacable también otros usos como son los que desempeñaban en algunas de las antiguas sociedades totémicas. Primeramente el hombre de las antiguas sociedades totémicas  distinguía entre dos tipos de “energías” o poderes, el del “especialista” en magia o brujo de su grupo y el poder del elemento mediante el cual el brujo era iniciado, en muchas ocasiones este elemento era un cristal de roca,  se presume que desempeñaba la función de elemento iniciador a la magia a través de una serie de operaciones, entre las cuales el  brujo debía de introducir ese cristal de roca dentro de su cuerpo (Bentué 2002: 10).

Vemos por lo tanto que piedras, minerales y cristales han acompañado a la humanidad desde el primer momento, ya sea como herramientas para desgarrar la carne, como cuentas preciosas para la fabricación de collares y joyas que aportaban estatus y reconocimiento dentro de los grupos de individuos, y como no, la función mágica-ritual que progresivamente van adquiriendo. Los minerales y cristales  terminan convirtiéndose en aliados para el actante mágico, en compañeros activos dentro de los rituales de carácter individual o de carácter más público (comunal)

Elbrus Hara (Estudiante del Templo)

 

Bibliografía :

  • Bentué, A. (2002). Historia de las religiones y diálogo interreligioso. Chile.
  • Duch, L. (1997). Antropología de la religión. Madrid, España: Heder.
  • Eliade, M. (1964). Tratado de historia de las religiones. Madrid, España: Ediciones Cristiandad.
  • Guerra, M. (1999). Historia de las religiones. Madrid, España: Akal.
  • Hall, J. (2009). La biblia de los cristales, volumen 2. Madrid, España: Gaia Ediciones.
  • Counningham, S.(2005). Enciclopedia de cristales, gemas y metales. Madrid, España: Arkano Books.

Recursos  online:

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