Algunas ideas sobre la creación de altares por Odysseus – Parte 1.

Si estás leyendo esto, es de suponer que estás interesado en la creación de un altar, o estás buscando nuevas ideas para darle un nuevo aire al que ya tienes. En este pequeño trabajo espero que encuentres alguna idea, o razonamiento práctico, que te ayude en tu empeño.

 

Concepto 1: ¿Para qué sirve el altar?

Un altar, ya esté dedicado a los ancestros, a una idea, a una deidad, a  un conjunto de deidades,  a una entidad angélica o demoniaca, a la egrégora de una organización, tu altar de reiki,  o lo que sea, es siempre lo mismo: un punto de conexión entre dos realidades. Entre la tuya, esa en la que vivimos todos, y la realidad de aquello a lo se dedica el altar. Es un nexo comunicativo, un puente entre los mundos, que te une a aquello a lo que has dedicado el altar.

 

Idea 1: Empieza ya. Ahora… ¡¡¿A qué estás esperando?!!

Bueno, si quieres puedes esperar a acabar de leer esto, pero no lo demores mucho más. Lo que distingue a un verdadero practicante de un practicante de sofá es eso, la práctica. El practicante “de sofá” lee mucho al respecto de las cosas y habla mucho con respecto a cómo hacerlas, pero no las lleva a cabo muy a menudo. El verdadero practicante se pone manos a la obra.

Para tu altar necesitas cuatro cosas:

  1. Espacio
  2. Información.
  3. Imaginación.
  4. Mantenimiento.

De modo que para comenzar lo único que tienes que hacer es aplicarte al punto 1, el espacio. Piensa en las posibles localizaciones de tu altar en tu casa (o en tu jardín, si es adecuado para la intención de tu altar y tienes la fortuna de tener un jardín). Busca, en tu casa, rincones en los que puedas colocar una mesa (o mesita), o un estante de una estantería que puedas despejar para dedicarlo a tu altar. Incluso encima de la nevera si no tienes más remedio (no serías la primera persona que lo hace), pero busca una superficie sobre la que colocar tu altar. No exageres, pero tampoco racanees con el espacio.

La mesa de la cocina es de 2×2 metros, voy a montar un altar espectacular”. Seguramente. Pero también es bastante seguro que vas a tener que desmontarlo y montarlo de nuevo al menos una vez al día. Tu altar es tu lugar especial de nexo con aquello a lo que está dedicado. Si lo empiezas a ver como un engorro (y acabarás viéndolo así en caso de hacer algo como lo que pongo en el ejemplo) podrá ser muy estético y todo lo que tú quieras, pero te será muy difícil conseguir la sensación de conexión necesaria.

            “Lo pondré ahí, en ese rincón… así no molesta”. No molesta, no lo verás a menudo y con el tiempo te acordarás cada vez menos de él. Si vas a montar un altar es porque aquello a lo que está dedicado es una parte de tu vida espiritual. Me parece perfecto que no lo quieras poner en medio del pasillo, para no tener que esquivarlo cada vez que vayas al cuarto de baño, o para no derribarlo con el cable cada vez que pases la aspiradora, pero relegarlo al último rincón de la casa tampoco parece lo ideal para un altar.

Tu altar va a ser algo relevante en tu vida espiritual. Vas a ir a visitarlo a menudo, puede que más de una vez al día según a que esté dedicado y tus costumbres rituales. Si prefieres que tu móvil (otro medio de comunicación) tenga una interfaz cómoda y una pantalla grande, ¿porqué no aplicas lo mismo a tu altar? Es más, que sea visible te va a ser útil de un modo práctico. Pongo un ejemplo:

Un lunes por la mañana te levantas con el tiempo muy justo. Te duchas, desayunas, te vistes, coges todo lo necesario para ir al trabajo, y cuando pasas por junto al altar ves que la última ofrenda que colocaste empieza a estar un poco “pasada de fecha” (lo cual estaría bien si es una altar dedicado a una deidad relacionada con el decaimiento de las cosas, pero no siempre es así), y mientras pasas junto al altar tomas nota mental de cambiar las ofrendas. Sales de casa y no vuelves hasta la tarde. Vuelves con las manos cargadas de bolsas, porque has aprovechado para pasar por el supermercado, con las llaves en la mano, y justo en ese momento, mientras abres la puerta, alguien te llama al móvil. Entras en casa, dejas las llaves donde puedes mientras hablas por teléfono y vas hacia la cocina para dejar las bolsas de la compra. Si tu altar está en el último rincón de la casa, con todo el ajetreo no lo habrás visto y, como todos somos humanos, es posible que te olvides de tu idea matinal de refrescarlo un poco. ¡Ah!, pero como seguro que no lo has puesto en ese rincón, sino que lo tienes en un lugar que lo ves durante tu rutina diaria (el pasillo, cerca de la cama, en el salón o algún sitio así), lo verás y te acordarás de que tenías algo que hacer en él.

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